Datos personales

viernes, 20 de febrero de 2009

Sal solecito...


Ayer cuando me iba de casa un poquito antes de las siete de la mañana era de noche aún. Cuando llegué a la estación de Atocha no se apreciaba bien el día que estaba ya apareciendo, me metí en el metro y fue al salir de él en Moncloa cuando el sol me saludó.

Mi camino en el autobús fue más agradable que estas ultimas veces, no me importaron los atascos, el sol me estaba tocando la cara y eso era suficiente.

Una vez en el trabajo todo se volvió gris, la reunión en una sala sin ventanas exteriores, la luz artificial y la pantalla grande proyectando lo que poníamos en el ordenador... no se parecía en nada a lo que estaba fuera.

Llegó la hora de la comida y solo deseaba que se terminara, sabia lo que venia después... un tecito al sol... sentir su calor, su color, su luz, su energía... ahora la que le sonreía era yo, la que le coqueteaba era yo... como si quisiera decirle no te vayas, quedate conmigo y sigue dándome esa inyección de fuerza.

El camino de regreso a casa fue igual, mirando por la ventanilla del tren como seguía ahí el sol dándole colorido a esos campos manchegos que tantas veces he visto.

Hoy me levanté pensando en el, haciendo planes para esta tarde de viernes en la que me apetecía ponerme ropa cómoda, unas zapatillas de deporte y salir a caminar, pero me llevé una desilusión, había niebla, el frió y la oscuridad había vuelto...

Me cambió el buen humor y volví a renegar de la semana que había llevado, deseando que llegara la tarde del viernes para esconderme en el sofá debajo de una manta...

Aunque aún me queda la esperanza de que al salir del trabajo me esté esperando en la puerta, como un niño travieso que solo quería jugar y me acompañe durante todo el fin de semana.

En días como este recuerdo una canción infantil... "sal solecito, calientame un poquito, para hoy para mañana, para toda la semana...."

¿me hará caso?

No hay comentarios: