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viernes, 6 de marzo de 2009

Redescubrir el mundo y trabajar para transformarlo

La primera vez que leí esta frase fue en la firma de un correo electrónico que me enviaba mi ahora compañera de trabajo cuando yo era una voluntaria de la ONG.
Ayer, cuando volvía de mi día de trabajo en Madrid con un proyecto que presentar y una bolsa llena de los nuevos trípticos de la organización, los miré detenidamente y sonreí, ahí estaba de nuevo.
Cerré los ojos mientras el leve movimiento del tren me relajaba (últimamente me es un poco difícil desconectar del trabajo) y pensé en la frase.
Siempre fui un poco idealista, utópica más bien, nunca entendí la injusticias, las desigualdades, ya desde pequeña me he metido en algún lío por dar la cara, o defender a los demás, por no morderme la lengua y decir las cosas tal y como pensaba.
Recordé la motivación que me ha llevado a trabajar en lo que trabajo y no como psicóloga, que al fin y al cabo es mi formación y uno de mis grandes sueños por el que he luchado tanto tiempo, transformar el mundo, conseguir que sea un mundo más equitativo, más justo, sentir que es un lugar que merece la pena (todas esas ideas por las que mucha gente me ha mirado de forma rara) y decidí darme una tregua, dejar de exigirme como lo hago y empezar a disfrutar de mi trabajo.
Hay gente que pagaría por tener una experiencia como la que yo tengo, que hayan apostado por mi sabiendo que es la primera vez que trabajo en algo así (que distinto el mundo del voluntariado al de técnico de proyectos) es algo que no se hace normalmente y menos en este mundo en el que están en juego tantas cosas.
De ahí mi autoexigencia, mi perfeccionismo (bueno esto siempre lo fui...), no quiero defraudar a nadie y me estoy haciendo daño a mi misma…
Se que tengo que desconectar, se que tengo que volver a sonreir haciendo mi trabajo para conseguir los cambios en los que siempre he creído… pero no encuentro la forma de hacerlo.
Y quiero hacerlo… necesito hacerlo… quizás deba empezar a creerme más otra de las frases que me acompaña desde hace unos años en mi tablón de corcho... "si quiero, puedo"... pero eso, es otra historia...

2 comentarios:

Liedchen dijo...

yo te propongo una escapada musical, tu no hablas de tu curro, yo no hablo del mio y nos perdemos entre notas, acordes, risas, cervezas y gominolas... Nos vamos al retiro a tomar el sol y pensar en nada en que el mundo gira, porque, con nuestros pasos hacia adelante, le damos impulso...

Miramos agendas?

Un beeeeeso grande -no veas como me reflejo en este texto... y en el "si quiero, puedo"-.

Anónimo dijo...

Hola compañera...

La verdad es que para transformar el mundo, primero es necesario entenderlo.

Y para entender el mundo, lo importante es que no olvides que no vemos el mundo como es, sino como somos nosotros.

Sabes que la verdad, en cualquier circunstancia, está filtrada por tu vitral personal, por tu contexto personal.
Y ante esto, tu llevas interpretando y empatizando , desde siempre, con una parte de él que no todo el mundo percibe...ya sabes, por la sensibilidad que te caracteriza!

Y no es malo que te exijas a tí misma mejoras, ni que trates de hacer bien tu trabajo, pero todo en su justa medida compañera, porque a veces eres muy dura contigo misma.
Eres una estupenda persona, una incondicional amiga, y una rigurosa profesional, tenlo claro siempre, y no te minusvalores.

Recuerda que cosechamos lo que proyectamos.
Nuestra vida exterior sólo es una imagen que refleja nuestra vida interior.
Sé consciente de las suposiciones falsas, de las creencias limitadoras y de los miedos que te impiden crecer.
Y cambiará tu mundo exterior.

Y ya para terminar mi rallada personal...que mira que estoy pedante hoy, te dejo una frasecita que te define al 100%...

"El anhelo más profundo del corazón humano es la necesidad de vivir por una causa mayor que uno mismo".

Un abrazo muy grande compañera, Izaskun!