Caminaba bajo el frio, a menos de 0º y recordé la primera vez que subí esa cuesta, con una enorme mochila cargada de ilusiones y miedos que pesaban demasiado.
Recuerdo como paré a mitad de camino excusandome en mirar el paisaje toledano, cuando en realidad necesitaba tomar aire para continuar mi subida, con un sol de justicia de mediados de Junio.
Anoche mi subida no era igual, sentí como mis piernas apenas respondían, como la carga de todo este año pasado era mucha...
Dos años y medio separan estos dos momentos, estas dos subidas al Castillo de San Servando y no soy la misma.
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