Conocí una vez a un tipo que decía ser payaso… que vivía del cuento y que además me intentó convencer de que hacia magia…
Era un tipo simpático, hablador, alegre, risueño… y la verdad, no se por qué me caía bastante bien casi sin conocerlo.
Compartimos el principio de un sueño, el fin de un proyecto... y fue un autentico placer escucharle contar aquellas historias que conseguían sacarme tanto risas como lágrimas con demasiada facilidad, fue un placer también compartir momentos, lugares, cañas, te helado… verle con aquella tranquilidad antes de subirse a aquellos escenarios.
Me hizo volver a creer en la magia cuando vi un papel volando o esfumándose entre el fuego, cuando me dio aquellas cartas para que las guardara en mi pecho y después juntarlas con la que Carmen había elegido y el había adivinado y darnos cuenta todos los demás asombrados como eran todas cuatros…
Consiguió que sonriera en momentos de agobio y ¿por qué no? casi desesperación, momentos en los que lo único que me apetecía era mandar todo bien lejos!!!.
Me regaló mi primera nariz de payaso, nunca había tenido una y siempre la había querido.
Me hizo sentir parte de su vida cuando a parte de compartir momentos buenos me ha hecho participe de los malos y aun, encima, me ha dado las gracias por “aguantarle sus charlas”.
Hoy a este payasete le cuesta sonreír, a este vividor del cuento le cuesta desbloquearse, a este mago le cuesta soñar…
A mi me gustaría ser como el hada madrina de Cenicienta o como el genio de Aladdin y con un simple movimiento de varita, un shalakabula, un chasquido de dedos pudiera conseguir que todo cambiara y borrar todo lo malo que pueda sentir.
Pero no, solo soy alguien que lo único que puede hacer es escucharle, apoyarle, que sienta que tiene mucha gente alrededor y decirle las veces que haga falta que todo va a salir bien… espero que sea suficiente…

1 comentario:
Ese payaso mago es una maravillosa persona y hay ganas de reencuentro, con todos...
Besazo!
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